Ya la conocéis todos. Su nombre es Paula Martínez y se pasó hace un mes escaso por uno de nuestros pisos buscando trabajo como webcamer. Pero fue ponerle la polla de un yogurín delante y perder literalmente los papeles y es que esta madura, que venía con un digno discurso de -no me interesa grabar porno- se transforma en otra persona cuando ve que puede calzarse un yogurín que bien podría ser su hijo.