Vi a
Sheila Ortega sentada en una roca junto al agua, y se veía muy bien con un vestido amarillo que dejaba ver lo grandes que eran sus tetas y su culo. Sheila estaba esperando una cita a ciegas con un tipo llamado Pablo, así que, por supuesto, dije que era yo. ¡Lo siento, Pablo, te duermes, pierdes! Sheila me dijo que necesitaba un trabajo, y le dije que trabajaba para una empresa de modelos. Le ofrecí a Sheila 150 euros para hacer...