En la posada improvisada de la vecindad del Chavalón se desató el desmadre por completo. Ahí mismo, entre risas, baile y puro desenfreno, la Chiquilina y la Bruja del 69 fueron entrando al juego sin poner resistencia. Al final, todos los presentes acabaron turnándose con ellas mientras la noche avanzaba, dejando claro que en esa vecindad nadie se quedó con las ganas.